El 28 de julio de 1957 en el marco de las elecciones para constituyentes convocada por la Revolución Libertadora, ganan los votos en blancos ordenados por Perón ante la proscripción del justicialismo.

Las elecciones de 1957 representan uno de los hechos más curiosos de la vida política argentina: el triunfo del voto en blanco. La Revolución Libertadora había prohibido mencionar al general Perón. Los militares habían derogado la Constitución del 49, habían repuesto por decreto la de 1853, y ahora aspiraban a reformarla. El peronismo estaba proscripto: el gobierno optó por hacer de cuenta que no existía y convocó a elecciones sin permitirle participar al partido mayoritario. Desde el exilio, Perón reclamó a los peronistas que votaran en blanco. Y así fue como venció el voto en blanco, voz de la mayoría silenciada, de un pueblo que estaba inhibido de expresar sus convicciones libremente. Si se suman los casi dos millones de votos de la Unión Cívica Radical Intransigente, partido que fue a elecciones con la postura de impugnar la legalidad de la convocatoria, queda claro que la gran mayoría de los votantes consideraban que la Revolución Libertadora no tenía ningún derecho a convocar a una reforma de la Constitución Nacional.

PARTIDO TOTALES

En Blanco 2.115.861 (25 %)

Unión Cívica Radical del Pueblo 2.106.524

Unión Cívica Radical Intransigente 1.847.603

Conservadores 582.589

Democracia Cristiana 420.606

Democracia Progresista 263.805

Partido Comunista 228.821

No digamos que «votar en blanco» es darle el voto al que gana o que es un voto perdido. El «voto en blanco» quiere decir que ningún candidato o partido me conforma. Este voto no va a los candidatos, queda así, «en blanco» y su porcentaje expresa el nivel de disconformidad de la población hacia la dirigencia política. Cuanto más alto es su porcentaje, mayor es la presión sobre la conciencia de los políticos..

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