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«El hombre más sabio que conocí», por Ignacio Cloppet

Juan Domingo Perón

La figura de Carrillo, un hombre extraordinario, fue creciendo entre nosotros como pionero y modelo del sanitarismo y la salud pública, más aún en estos aciagos tiempos de pandemia por el maldito COVID-19, cuando nuestros médicos y todo el personal de la salud son los verdaderos héroes en esta patriada.

Tengamos en cuenta, porque parece ser que gozamos de muy poca memoria, que la Argentina antes de Perón era un país desigual, donde los que mandaban vivían muy bien y la mayoría del pueblo estaba sojuzgado a no tener acceso a los derechos esenciales.

Ya me referí a algunas de estas cuestiones en notas en las que destaqué que la providencia quiso que en la madrugada del 17 de octubre, cuando Perón llegó al Hospital Militar luego de haber estado confinado 5 días en la Isla Martín García, conociera al Dr. Ramón Carrillo, otrora jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Militar.

En una admiración mutua, nacida en ese primer encuentro, Perón le dijo al médico: “No puede ser que en este país tengamos un ministerio para las vacas y no tengamos uno para atender la salud de la gente. ¡Cuidamos más a las vacas que a los pobres!”.

Había nacido en Santiago del Estero el 7 de marzo 1906, en el seno de una familia humilde. A los 17 años viajó a Buenos Aires, ingresó a la Facultad de Medicina de la UBA y en 1929 se recibió de médico con Medalla de Oro. Fue neurocirujano, neurobiólogo y médico sanitarista.

Unos años más tarde, en la primera presidencia de Perón, Carrillo se convertía en secretario de Salud Pública y luego, con la reforma Constitucional de 1949, sería designado como el primer ministro de Salud Pública de la Nación.

A las pruebas me remito, para hablar de toda su monumental obra en favor de la Salud Pública, desde la construcción de hospitales, las campañas de alimentación, la creación de centros materno infantiles, el cuidado médico de niños físicamente débiles y la creación de institutos de rehabilitación especializados en readaptar a personas que sufrieron accidentes de trabajo. Fue el primer médico en crear un sistema de salud solidario. Basado en su idea del hombre y en el respeto a las personas, pensó en la solidaridad como pilar de la salud.

A fines de julio de 1954 viajó a Estados Unidos para tratarse la dolencia que finalmente lo llevaría a la muerte. Sufría de hipertensión arterial maligna, una enfermedad grave y progresiva que le provocaba intensos dolores de cabeza.

Carrillo fue un perseguido político. Perón es derrocado y, al igual que a otros funcionarios, la Revolución Libertadora decidió la inhabilitación de Carrillo para disponer de sus bienes y lo acusó de enriquecimiento ilícito.

Esa terrible situación de injusticia, en la que le confiscan todos sus bienes, lo llevan a sufrir privaciones en Nueva York. Esto lo obligó a dejar Estados Unidos y a trasladarse al norte de Brasil, donde consiguió un puesto de médico en la compañía minera norteamericana Hannah Mineralization & Co.

En marzo de 1956 se realizó un examen médico por el que se enteró que sólo le quedaban nueve meses de vida. Ese año, la compañía minera levantó el campamento y Carrillo quedó desempleado.

El 28 de noviembre de 1956 sufrió un accidente cerebro vascular. Todavía estaba vigente el pedido de captura internacional para su extradición.

Ramón Carrillo, el Negro, santiagueño de nacimiento, amigo de Homero Manzi, “el hombre más sabio que conocí”, al decir de Perón, murió en el norte de Brasil pobre y enfermo a los 50 años, el 20 de diciembre de 1956.

 

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